Vivo con mi novia Ana, desde hace un par de años. Tiene 25 años y lo que más destacaría de ella es su dulzura. Es como una muñequita. Nunca lanza improperios, su tono de voz es cálido y pausado, exquisitamente educada. En fin, hasta nuestros amigos tienden a llamarla "Anita". Físicamente es menudita, pero con curvas bien definidas.
Cuantas veces, se queda sentada en su cama, o en una silla que sirve de percha y levanta su pie. Se lo que quiere, le doy masajes con mis manos y ella se apoya en mis hombros, en mi vientre o muslos. No tiene que decir más, se que quiere que la lama y sorba sus dedos.
He aprendido por mi misma, que le gusta que coloque la lengua entre cada dos dedos, y le de mordisquitos. Lamo y beso sus tobillos y el talón, y por encima del puente de su pie.
De como con la edad comence a sentir nuevamente ganas de transformarme en mujer... De pronto en mi vida volvió aquel deseo. Cuando era adolescente, cuando descubrí y comencé a masturbarme, la mayoría de las veces lo hacía con pensamientos más femeninos que aquellos en los que asumía un papel masculino. Así comencé a excitarme al usar ropa de mujer. Me calentaba muchísimo poniéndome ropa interior de mujer.